De éxitos y fracasos

Al observar alrededor, saltan a la vista innumerable cantidad de fracasos en los estudios, en la elección de una pareja, en las amistades, en el trabajo. Obtenemos así un fenomenal material para reflexionar. Casos tristes que merecen tomarse como fuente de aprendizaje, advertencia y guía de ruta para no perderse. O bien, aprovecharlas como pautas de reflexión acerca de conceptos importantes en esta era como lo son, el éxito o el fracaso. Llamativamente, muchos fracasos son el resultado de un aprendizaje inconsciente; de una cierta forma de obediencia, o de sumisión a algunas pautas familiares o culturales a todas luces inapropiados o que, al menos, merece revisarse. ¿Qué quiero decir con esto? Así como en muchos hogares el éxito es el dios venerado por el cual hipotecan muchas cosas valiosas, en demasiados otros hogares el fracaso es casi un deber de destino, un sello distintivo de la familia. En ambos casos, constituyen marcas subjetivas que vale la pena aprender a corregir a tiempo.

Éxito y fracaso son factores magníficos para meditar en familia y con cuidados: en el clima de muchos esquemas familiares, se respira el fracaso como aires de alivio; el éxito, la abundancia, la felicidad, como una amenaza.

Del mismo modo como revisar desapegadamente lo inculcado en el hogar, es importante, actualizar conceptos, reflexionar para hacer cambios saludables a tiempo. Es en casa donde aprendemos a experimentar sentimientos y a darles un determinado valor pues no todas los hogares valoran las cosas por igual; algunos valoran más el amor que el dinero; otros valoran el tiempo libre y menosprecian su malgasto en esfuerzos por llegar a una posición de prestigio tocante en lo social, laboral, profesional; otros valoran más el dinero que la amistad o la familia. La salud, la cultura, la religión, la aventura pertenecen a la lista de valores más frecuentes entre la diversidad de esquema de valores sobre los que se sustentan los diferentes hogares; también sobre los que se sustentan las personas dentro del hogar: distintos integrantes de una misma familia privilegiando asuntos diferentes. Cuando esto ocurre, lo ideal es que se pueda conversar abiertamente de estas diferencias. En cualquiera de sus formas, quien consigue avanzar en lo que privilegia, será un exitoso y se sentirá exitoso. Tanto el que acumula amigos como el que acumula dinero, el que acumula experiencias místicas como el que aumenta la tonicidad en sus músculos será exitoso únicamente según su manera de pensar y de privilegiar las cosas. Y será un fracaso, según la manera de pensar contraria a la suya.  

Pero en cualquiera de las formas que se lo conciba, el éxito verdadero está siempre acompañado de la felicidad y de emociones impulsoras como la esperanza, la confianza, la fe. Vemos familias de exitosos abogados, médicos, industriales, empresarios cuyos integrantes parecen nacer con un sino, venir a este mundo con una misión y con un diploma pegado en la frente: cargan con un apellido, deben honrar una determinada profesión. Estas familias, dinastías de exitosos, producen por lo general, seres huraños e infelices que no aparecen en aquellas otras familias que alientan a los hijos a pensar y a dialogar, a relacionarse con sus aspiraciones y con sus sentimientos, a descubrir el tipo de actividad que los motiva y por qué, a curiosear hasta dar con sus ideales; a reconocer a quiénes admiran y a quiénes desearían parecerse. A descubrir cuáles son las cosas valiosas que marcarán el rumbo de sus vidas y que darán sentido a su existencia. El hogar puede convertirse en fabulosa incubadora de proyectos y destinos deslumbrantes. Cuando padres e hijos hablan abiertamente de sus intereses, pueden descubrir juntos un mundo de posibilidades. Desatender intereses personales por considerarlos de poca importancia es una muestra de antigüedad: ninguna vocación es tan insignificante como un grano de arena; además están dadas todas las condiciones en el mundo de hoy para hacer de cualquier grano de arena una estupenda montaña de rocas valiosas y de piedras preciosas.  

Esas cosas valiosas tienen peso emocional; nos mueven, nos conmueven. Pujan en el interior y desde temprana edad reconocemos su peso y su importancia en la forma de energía; de sentimientos y de impulsos que no se pueden ocultar. No hay edad para conmoverse con la música, con la pintura, con un determinado deporte o con una determinada ciencia. Pero definitivamente, la mejor edad para enterarse de la existencia de estas alternativas es en la temprana juventud. Dar con los intereses personales, descubrir la vocación a temprana edad es un auténtico privilegio pues ello marca los pasos a seguir, impone un sentido a los esfuerzos, y promete esa amalgama de satisfacciones que nunca verán tantos adultos buscando todavía su vocación, sintiéndose incompletos.  Los padres que sin proponérselo, debido a prejuicios o a tradiciones incuestionadas, obstaculizan el camino al éxito en la vida de sus hijos, encuentran en la presente educación emocional fuente de claridad y alivio. Si proponemos la Orientación Vocacional basada en valores es justamente por las ventajas que ello trae: facilitar la elección de esa carrera, de esa vocación o de ese trabajo que alimente los personalísimos valores esenciales marca la senda a la felicidad, otorga sentido a los actos, y permite sentirse más completos y satisfechos en el quehacer cotidiano de cualquier actividad.

Aún ante la diversidad de propuestas en el mundo actual, todavía muchos padres inducen a sus hijos hacia el cumplimiento de carreras y de valores que ellos privilegian iniciando un conflicto interior en la mente juvenil. Desde luego, la importancia de educar, de transmitir cuestiones imprescindibles sobre ética y moral, enseñar a distinguir y a previlegiar el bien por sobre el mal está fuera de discusión. Pero hay exageraciones que dañan: No en vano reza el dicho popular: "el camino hacia el infierno está empedrado de buenas intenciones"  A cualquier edad puede iniciarse en la mente un conflicto de valores. Cuando ello ocurre, automáticamente empiezan los conflictos de sentimientos y aparece el desequilibrio emocional que, además de resentir el vínculo,  puede debilitar y enfermar a la persona. Este conflicto interior, esta auténtica lucha de poderes que se desata entre las preferencias de la mente juvenil y las que le imponen sus padres "por su bien" , consigue detenerlo posiblemente más que cualquier obstáculo material que se le presente en el mundo de afuera. Para bien de todos los involucrados en el dilema familiar, se hace necesario aplicar las maneras productivas de pensar, de preguntar y razonar a fin de suavizar las tormentas emocionales y contribuir a que todos salgan del atolladero con las manos llenas. Con una lección aprendida, una revelación, una esperanza, una promesa. Si la estrechez de miras tiene efectos enfermantes, el razonamiento adecuado, tiene efectos liberadores y enorme poder restaurador. Desbloqueado positivamente el conflicto, se vuelve  al ruedo y se avanza con renovada alegría, seguridad y confianza.

Cuando el entorno impide el desarrollo, conviene asumir la responsabilidad de entrenarse debidamente para cultivar la actitud que será la conveniente, en un entrenamiento específico y que consiste en aplicar las estrategias adecuadas para guiar al pensamiento en una  dirección más apropiada y en dar tratamiento adecuado a las emociones que causan adversidad que, además de opacar el humor diario, debilitan al cuerpo y apagan al espíritu. 

Madurar, crecer es sortear desafíos. Es también, comprometerse en aprender de ellos y no hay edad para evitar este compromiso pues no es del todo posible salirse del circuito. Los adultos no quedan fuera del camino del crecer: deben sortear desafíos, y comprometerse a aprender de ellos, aumentar o afinar capacidades,  para seguir creciendo en este circuito infranqueable. Descubrir las propias capacidades y empeñarse en superarse se consigue más fácilmente cultivando una ACTITUD auténticamente favorable, productiva, creativa y audaz. A diario podemos comprobar que con la voluntad no alcanza par cultivar esta actitud tan auspiciosa. Como para la mayoría de las cosas, uno es uno y su entorno, y hay entornos que definitivamente impiden el desarrollo de esta actitud positiva, creativa, abierta, productiva. Independientemente del amor sincero que se respire en el entorno familiar, independientemente de los sinceros cuidados, algunos hogares definitivamente obstaculizan el camino hacia el saludable desarrollo, hacia el éxito y la felicidad. Para lidiar con este fracaso temporario es una buena medida recurrir a la ayuda lúcida. 

Se trata de una medida inteligente. 

La ayuda lúcida permite encontrar en esa desventaja temporaria las bases de aprendizaje, permite aprender y sacar partido. La ayuda lúcida está dentro de cada uno de nosotros, encerrada en los recuerdos, oculta en la conciencia y esperando salir. Solo aprender a convocarla y prepararse para las sorpresas que nos tiene preparadas. La ayuda lúcida se afina en la tranquilidad emocional. Hay remedios de la naturaleza que hacen posible este estado emocional más operativo; nos regresan a esa emoción que nos falta y que puede ser coraje, paciencia, confianza, y resultan los apoyos necesarios e indispensables para el pensar lúcido, para tomar decisiones lúcidas y ventajosas, y prosperar en actos que la fuerza de voluntad por sí sola, no acierta en conseguir. ¿Cómo ofrecer ayuda lúcida, y producir progresos deslumbrantes? **Regístrese hoy al BiblioLab y descubra múltiples maneras de lograrlo

Mientras tanto, detenga por un momento la lectura, y reflexione:

¿Qué cosas se valora(ba) en su casa?

A lo largo de la vida y según sus experiencias, ¿Qué valores privilegia hoy usted independientemente de los que le enseñaron a privilegiar en casa? 

Ahora, teniendo en cuenta su camino recorrido, y lo que fue cosechando ¿considera usted que está más cerca del éxito o del fracaso según su manera actual de pensar?

¿De haberlos conocido antes, ¿qué remedio para la emoción le hubiera resultado ese aliado perfecto en su camino de desarrollo personal? (Remedio para los miedos, para la soledad, para la intolerancia, la impaciencia, la envidia, otro?

¿Considera prudente alentar a los hijos a reflexiones que les ayuden a establecer sus propios valores y prioridades?

Entendemos que la manera más segura y sencilla de producir individuos positivos en un mundo negativo, de acercar al hijo a la idea de una existencia exitosa empieza alentándolo hacia al diálogo, a la observación desapegada, a la reflexión. Induciéndolo hacia las maneras efectivas de remediar emociones en conflicto. Enseñándole que el fracaso no necesariamente es el opuesto al éxito, sino su complemento temporario, una más entre las guías confiables para el acertado proceder.  

Padres y educadores en completo manejo de estos conocimientos especiales, auténticamente superadores, consiguen entablar con los menores un diálogo liberador y enriquecido, de sincera curiosidad por los asuntos y las cosas que a todos les importan. Extraen de ello siempre un descubrimiento magnífico. Aplicando las técnicas para mejorar ellos mismos primero y desde lo profundo, los mayores se convierten en seres formadores positivos que respetan y aprecian sinceramente la joven personalidad. Y que manifiestan auténtico respeto por todos sus esfuerzos en su camino de desarrollo.  Afinando conceptos, reflexionando con el corazón y la cabeza, mejoran ellos mismos primero y luego pueden presentarse como modelos fidedignos de que una vida plena y de estimulante crecimiento es posible, que crecer no debiera estar relacionado al dolor, que auto-asistirse es una tarea práctica y liberadora, que los errores no están para ocultarlos, ni para disfrazarlos, sino para aprender de ellos y mejorar. Esta plataforma ofrece un espacio de trabajo inspirador, útil; que invita a una sana reflexión, a desarrollar un modo creativo de abordar las cuestiones relacionadas con el éxito y el fracaso; que presentan dificultad y son motivo de acaloradas discusiones en no pocos hogares. Quien se acerque a la plataforma y profundice sus ejercitaciones en ella, encontrará ideas reconfortantes, soluciones novedosas a los problemas de siempre. Conseguirá extraer el potencial que hay en su personalidad, reconocer el potencial en la gente a su alrededor (y que posiblemente desconozca), agregará calidad a su vida, a su trabajo, a sus vínculos.

Transmitir en los hijos la importancia de valorar los fracasos como instancias propias del desarrollo; como vía de aprendizaje humanístico y parte digna de observar en el camino al éxito de cualquier individuo, genera un tremendo alivio.  Imprime fortaleza y determinación. Permite digerir lecciones valiosas. Enseña a lidiar efectivamente con toda emoción limitante producto de un desengaño.  Todo padre celebra el avance de la madurez emocional; ve con agrado que el hijo ya no somatiza, que su comportamiento se suaviza y que su rendimiento mejora. Que los fracasos ya no logran quebrar su voluntad, que es capaz de experimentar celos y miedos sin por ello detenerse, que reconocer las propias debilidades puede hacerle ganar amigos; acercarlo a esos afectos intensos, profundos, valiosos y de calidad que por lo general rehúyen de la personalidades necias o vanidosas. El trato adecuado a la emoción humana genera un abanico de gratas experiencias; regala lecciones de vida positivas, y recuerdos que agregan poder. El adecuado tratamiento a la emoción deja por todo saldo el éxito de cualquier modo que se lo conciba.  Tanto los progresos que los padres ven en los hijos, como los que los hijos perciben en los padres, son siempre motivo de celebración dentro el hogar y fuera de él. 

Por encima de cualquier actividad personal, nuestra experiencia en Aflorarte.com afirma que la gente se interesa por aprender técnicas de superación personal; se interesa por incorporar conocimientos que agregarán calidad a sus vidas. Acercar a los padres las herramientas del lenguaje verbal y no verbal, como instrumentos sanadores, motivadores, no solamente puede ser la base de la medicina preventiva, sino el secreto para encaminar a los hijos hacia una vida plena, satisfactoria y saludable. El BiblioLab ofrece soluciones a las mentes confundidas, a las más rígidas; a los padres sobrecargados, que sienten que no tienen tiempo para atender algunos de los asuntos que les plantean sus hijos y que consideran difíciles de abordar o dignos de ser atendidos por un especialista. Buena parte del  problema y de las angustias vividas son causadas por la falta de información, no por falta de tiempo. Todos tenemos veinticuatro horas al día. Y todos tenemos todos los recursos para llenarlas de la mejor manera.

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